lunes, 6 de noviembre de 2006

Regresamos

Desde hace ya tres semanas, Matasombras sigue convocado a todos los amantes de la literatura. Una presentación de nuevos títulos de la editorial Baile del Sol; una charla sobre el cine canario amateur (yo prefiero aficionado, pero para cada palabro existe una explicación), que dio Boris San Juan y que contó con la proyección de varias películas, y un maratón de microrrelatos, en la que participaron Dolores Campos-Herrero, Luis León Barreto, Santiago Gil y Juan Carlos de Sancho, entre otros, dan fe de que estamos vivos.

Juan Carlos de Sancho, habitual de Matasombras, nos trae este lunes, a las 20.30 h., su visión sobre El Confital y sobre el proceso en el que se encuentra inmerso actualmente. Juan Carlos es autor de un libro sobre el tema con ilustraciones de Lucas de Saá (El Confital. Níngún pájaro vuela donde el aire no existe, Anroart, 2006).

martes, 25 de julio de 2006

Unamuno

Durante el fin de año, una amiga discutía conmigo acerca de la "verdad absoluta" de las afirmaciones en literatura. No hay verdad alguna, venía a decirme, exaltados como estábamos en una noche como aquella, y todo depende de cómo se realice la lectura. Me pareció, y aún me parece, increíble aquella afirmación viniendo de quien venía. Considero, después de haber profundizado en el siglo XIX, que las lecturas cuando son superficiales son cuestionables; en muchas ocasiones, ante la rotundidad de los documentos aportados, difícilmente se podría cuestionar una afirmación.
Todo esto viene a propósito del libro de Bruno Pérez Unamuno. Una interpretación cultural de Canarias, editado por el Cabildo de Gran Canaria, a través de la Casa-Museo Tomás Morales. Hay que agradecer a la institución que hay tenido el valor de sacar a la luz un libro que no dejará de causar polémica, lo que, a mi juicio, es todo un acierto: demuestra que la labor cultural que se está desarrollando no pasa desapercibida y que genera debate.

Creo, además, que el libro es uno de los mejores documentos para mostrar que los estudios culturales insulares están en un inmejorable momento. Se trata de un texto que se convertirá en un referente para quienes quieran acercarse al Unamuno auténtico. Porque, y he ahí el principal problema, en las Islas el escritor no dejó a priori más huella que aquella fotografía junto a los principales intelectuales grancanarios de la época y las composiciones de su libro De Fuerteventura a París.

Bruno Pérez ofrece una lectura que había sido insinuada por otros autores, pero que con esta publicación dota de carácter académico: Unamuno fue escritor canario, porque penetró la realidad de Fuerteventura y construyó su discurso con los elementos propios de la tradición literaria insular, es decir, que acabó asumiendo una tradición ajena como propia.

Lo diremos por activa y por pasiva. Además, Unamuno ejerció una influencia efectiva en la literatura canaria, sobre todo en Agustín Espinosa. Supo ver más allá de los elementos que formaban parte de la realidad de Fuerteventura y, lo que resulta más importante, supo dotar de una mitología conductora la isla. La isla se convirtió en el refugio del caballero de la triste figura, como Lanzarote fue el último refugio del esforzado Lancelot.

Hasta la fecha, no se le ha visto originalidad al texto de Espinosa más que en las Islas y...

Y ése es tal vez el gran problema de estas Islas, que sólo poseen valor en tanto el otro nos lo concede. De ahí que opte por obviar, y creo que muchos deberían comenzar a hacerlo, aquella famosa afirmación de Juan Manuel Trujillo y comenzar a trabajar sin tener en cuenta críticas infundadas...

domingo, 25 de junio de 2006

Propuesta de viaje

Construimos la realidad a partir de variados elementos que encontramos en nuestro camino hacia la muerte, y ese camino es el único que no perdemos de vista: las señales van apareciendo constantemente y éstas nos advierten de nuestra efímera residencia en la tierra. Se trata –la construcción de la realidad— de un ejercicio en el que todo se pone en juego: la memoria acude a nuestro auxilio para dar testimonio de lo que somos y de lo que fuimos y de lo que vamos siendo mientras. En el camino andado va desapareciendo aquello con lo que nos identificábamos –el paisaje en el que permanecíamos durante un tiempo— y van apareciendo otras cosas, ajenas, que pueden o no incorporarse a nuestra experiencia.

Entre el lugar y más allá, de Eugenio Padorno (2005), supone una interrogación acerca de cómo se construye la realidad y cómo ella es compartida con el otro. Es decir, en el libro se habla de la "experiencia".

El poeta, que no ha dejado de interrogarse a lo largo de estos años, entreteje un relato que se extiende desde –entre— la fotografía que abre el libro –un fragmento de la realidad, la playa de Las Canteras hace, tal vez, cincuenta años— hasta –y— la fotografía de cierre –el poeta, en un momento de la niñez. El relato, hecho a partir de retazos, es una deriva en la que presenciamos una existencia auténtica –única— que percibimos en los memorables relatos de algunos grandes libros. En ellos se nos presentan cuadros únicos en los que se vivifican las palabras para ofrecernos algo más allá de su propio contenido. Las palabras cobran vida para desentrañar el ser que podemos percibir en estas páginas.

Advertimos, por tanto, en la escritura del texto de Padorno, como ha ido mostrando en estos últimos tiempos, una suerte de inventario en el que se han ido abandonado las razones del género literario –la poesía, la prosa— para únicamente ser. Se halla tan presente el tiempo en su escritura que se convierte en la razón de su ejercicio poético, que se nutre de la experiencia, de la reflexión filosófica y del ensayo.
Y este ejercicio poético nos "dice", como nos dicen las "cosas" que nos acompañaron durante algún tiempo, de lo oculto, de aquello que fuimos perdiendo y que tratamos de regresar hasta este tiempo en que tomamos conciencia del camino recorrido. El propio poeta lo señala: el poeta es un exiliado de la creación. De ese exilio, de la narración de ese exilio que supone el vivir, trata este libro. Pero el poeta, como el hombre, no sólo es exiliado de la creación, sino de la propia vida. El hombre es expulsado del paraíso que es la infancia y que procuramos reencontrar toda la vida. La relación que establecemos con las cosas durante la infancia tiene un carácter mágico, como la relación que establece el poeta con el mundo: los elementos de que se compone no sólo poseen un carácter esencial.

Entre el lugar y más allá seguido de un Excurso nos ofrece una definición del ser en la isla, que se nos ofrece cual Prometeo encadenado... con todo, sería ésta una simple lectura del libro. Y es que entramos, una vez más, en el juego de la propia vida. Y el poeta es el alquimista que trata de convertir las palabras en la propia vida; que ellas sean por sí mismas las cosas vividas. Cada objeto que aparece en el libro ofrece dos planos: el de la posibilidad de su existencia o el de la realidad de su existencia. En el juego de la vida, aparecen varios caminos, de las que tan sólo podremos escoger uno.

Leemos el paisaje –el paisaje es nuestra construcción— desde la sensibilidad que nos proporcionan el recuerdo de lo vivido, la cultura y la curiosidad de lo por vivir. Se trata de una interrogación permanente en el que se pone en juego la memoria. Y en la misma memoria están presentes todas las muertes, todas las vidas.



Eugenio Padorno: Entre el lugar y más allá, Anroart Ediciones, 2005. Colección Puerto Escondido